Ojea: «La Virgen está con los que sufren por la injusticia y la barbarie de la guerra»

El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), monseñor Oscar Vicente Ojea, obispo de San Isidro, presidió hoy la misa en la basílica Nuestra Señora de Luján, en el marco de la consagración de Ucrania y Rusia al Inmaculado Corazón de María que realizó el papa Francisco y a la que se unió la Iglesia Universal, rezando especialmente por el don de la paz en estos países y en el mundo entero.

La Eucaristía fue concelebrada por el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Aurelio Poli; el arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Jorge Eduardo Scheinig; el obispo de Morón, monseñor Jorge Vázquez; el obispo de Zárate-Campana, monseñor Pedro María Laxague; el obispo de Azul, monseñor Hugo Manuel Salaberry SJ; el obispo de San Martín, monseñor Martín Fassi; los obispos auxiliares Enrique Eguía Seguí (Buenos Aires), Guillermo Caride (San Isidro), José María Baliña (Buenos Aires) y Justo Rodríguez Gallego (Zárate-Campana); además de los obispos eméritos Oscar Sarlinga (Zárate-Campana) y Ricardo Oscar Faifer (Goya).

También participaron el nuncio apostólico, monseñor Miroslaw Adamczyk, y otros representantes diplomáticos acreditados en el país.

En la homilía, monseñor Ojea recordó que el relato de Caín y Abel es para la Biblia el origen de la guerra, y aplicó este pasaje bíblico a la vida actual, en la que consideró “vivimos una suerte de espiritualidad de guerra”, y lamentó: “Es impresionante la violencia que vamos adquiriendo en el trato social y que se manifiesta en gestos, actitudes, sentimientos y palabras”.

“La guerra en Ucrania representa también la violencia ideológica que reina en nuestra sociedad ejercida sobre el que no piensa ni siente como nosotros”, contextualizó.

El presidente del episcopado recordó la anécdota de la madre con muchos hijos a la que le preguntaron quién de ellos quería más, y respondió: “Al que está enfermo hasta que se cure; al que está lejos hasta que regrese; y al que esta triste hasta que su rostro dibuje una sonrisa”.

Con la misma lógica que esa madre, monseñor Ojea se preguntó: “¿A quién quiere más la Virgen en este momento de la historia? ¿A quién quiere más?” y respondió: “Con seguridad a las víctimas de la guerra hasta que llegue la paz, a quienes salieron forzosamente de su patria hasta que regresen, a los soldados del frente de batalla hasta que se reencuentren con sus familias, a los heridos y mutilados hasta que sanen, a los niños que hoy lloran sin entender hasta que vuelvan a sonreír y regresen a sus escuelas y a sus juegos, y a los que han endurecido su corazón y querido esta guerra hasta que se conviertan”.

El obispo argentino reiteró que “por eso, unidos junto al Papa, presentamos y consagramos a María a los que su corazón quiere más en este presente, a todos los hermanos y hermanas que están llevando el peso tremendo del sufrimiento causado por la injusticia y la barbarie de la guerra”.

“Todos formamos parte de este mundo y todo esta interconectado, por eso de algún modo todos tenemos algún grado de responsabilidad en el clima de violencia que vivimos cuyo punto culminante es este momento de guerra. La paz sólo vendrá como fruto de la misericordia de Dios y de la reconciliación fraterna, de allí que al hacer este gesto de consagración tenemos también necesidad de pedir perdón”, sostuvo.