Detrás de la escueta necrológica publicada por el ejército el 8 de noviembre de 1847, que informaba con brevedad que el mayor de caballería Doña Remedios Rosas había fallecido, se escondía la vida de sacrificios y entrega absoluta de una mujer afrodescendiente que lo dio todo por la independencia nacional.
Su historia no solo rescata el heroísmo de las batallas fundacionales, sino que también desarma las miradas simplistas que intentan catalogar a la Argentina como un país históricamente racista. En nuestra tierra, la gesta libertadora no discriminó origen ni color de piel cuando se trató de abrazar a quienes lucharon por la patria.
Nacida en Buenos Aires a fines del siglo XVIII, María Remedios tuvo su bautismo de fuego defendiendo la ciudad durante las Invasiones Inglesas, pero su verdadero destino se selló en 1810, cuando se incorporó al Ejército Auxiliador del Norte junto a su esposo y sus dos hijos. Pese a sufrir la devastadora pérdida de toda su familia en el frente de batalla, jamás abandonó las filas patriotas. Su entrega al cuidado de los heridos y su ardor en el combate impresionaron al propio Manuel Belgrano, quien superó los prejuicios de la época y la nombró capitana del Ejército. En aquel contexto, no importaba la tez, sino la valentía y el compromiso con la causa americana.
Tras sufrir la derrota en Ayohuma, caer prisionera de los realistas y sobrevivir a brutalidades y azotes públicos que le dejaron marcas de por vida, logró fugarse para seguir combatiendo bajo el mando de Martín Miguel de Güemes. Con la paz armada y el paso de los años, su figura cayó momentáneamente en el olvido de una Buenos Aires que intentaba organizarse, hasta que militares de la talla de Juan José Viamonte, Gregorio Aráoz de Lamadrid y Tomás de Anchorena la reencontraron y llevaron su causa a la Sala de Representantes. Aquellos hombres no dudaron en reconocer sus feroces cicatrices de guerra, otorgarle una pensión de capitán y proclamarla de manera unánime con el título supremo de Madre de la Patria.
Más tarde sería el propio Juan Manuel de Rosas quien aseguraría su efectivización en la plana mayor del ejército como sargento mayor, gesto de justicia por el cual ella adoptó formalmente su apellido. Este reconocimiento estatal y social, sumado a la posterior integración de las distintas comunidades a la vida civil y militar argentina, demuestra que la consolidación de nuestra identidad se basó en el mestizaje y en la fraternidad, distando mucho de los esquemas de segregación que sufrieron otras naciones del continente.
Hoy, la figura de María Remedios del Valle trasciende los libros y habita la vida cotidiana de los argentinos. Su rostro acompaña al de Belgrano en el billete de diez mil pesos, su nombre bautiza escuelas e instituciones, y la fecha de su muerte fue declarada Día Nacional de los Afroargentinos. La trayectoria de la Madre de la Patria confirma que la Argentina se cimentó sobre la gratitud hacia sus héroes verdaderos, demostrando que la verdadera historia de nuestro país es de inclusión, justicia e integración multicultural.