En un partido no apto para cardíacos, el conjunto de nuestra ciudad se plantó en el estadio Ricardo Puga y venció a Atlas por 3 a 2 en la agonía del partido. Tomás Dopazo en dos oportunidades y Eladio Ramos en el descuento le dieron los tres puntos de oro al Lujanero en la fecha 13 de la Primera C.
Hay victorias que se festejan con el alma, y la de esta tarde en General Rodríguez es, sin dudas, una de ellas. Por la 13° fecha del Torneo de la Primera C, el Club Luján sacó a relucir toda su mística, su garra y su amor propio para llevarse un triunfazo de esos que marcan un quiebre en el campeonato: fue 3 a 2 sobre Atlas en un Ricardo Puga que terminó mudo ante el desahogo de la banda del «Lujanero».
El partido tuvo absolutamente de todo. La historia no había comenzado nada bien para la visita. El local pegó prácticamente desde el vestuario con un gol tempranero de Alexander Meza apenas arrancado el complemento, y estiró la ventaja a los 26 minutos a través de Gustavo Britos. Con el 2-0 abajo en el segundo tiempo, el panorama se tornaba oscuro y cuesta arriba.
Sin embargo, si algo demostró este equipo es que nunca se lo puede dar por muerto. Lejos de caer en los brazos de la resignación, Luján reaccionó con una ráfaga implacable comandada por Tomás Dopazo. El atacante frotó la lámpara y, en una ráfaga letal a los 30 y a los 42 minutos de la segunda mitad, mandó la pelota al fondo de la red por duplicado para estampar un empate 2-2 que ya tenía sabor a épica.
Pero el destino le tenía guardada una última alegría al pueblo lujanero. Cuando el reloj marcaba los 48 minutos del segundo tiempo, en la última bocanada de aire del encuentro, apareció Eladio Ramos para desatar la locura total en el banco de suplentes de la visita. Un gol agónico, aguantando la presión, que significó el 3 a 2 definitivo y tres puntos que se viajan directo para nuestra ciudad.
Con este triunfazo, Luján ratifica su carácter en una cancha siempre complicada y demuestra que está para darle pelea a cualquiera. Un premio enorme para un plantel que no se desesperó en la adversidad y que batalló hasta que el árbitro pitó el final. ¡A festejar, Lujanero!