Luján, corazón de la fe mariana que recibirá al papa León XIV

De la coronación de la Virgen en 1887 a la histórica visita de san Juan Pablo II, el principal centro de peregrinación mariana de la Argentina se prepara para recibir al pontífice el 11 de noviembre.

La historia de Luján está estrechamente ligada a la devoción del pueblo argentino por la Virgen María y a la relación de la Iglesia con los sucesivos pontífices. A lo largo de los siglos, el santuario y basílica de Nuestra Señora de Luján se consolidaron como un lugar de encuentro, oración y peregrinación, con acontecimientos que marcaron la vida religiosa del país.

El origen de esta devoción se remonta a 1630, cuando dos imágenes de la Virgen María llegaron desde Pernambuco, Brasil, por encargo de un hacendado portugués, Antonio Farías de Sá. Su propósito era llevar una imagen de la Purísima Concepción a la capilla que construía en su estancia de Sumampa, en Santiago del Estero.

Sin embargo, un hecho extraordinario cambió el destino de una de ellas. A orillas del río Luján, en un paraje conocido como el «Árbol solo», los bueyes que transportaban las imágenes dejaron de avanzar. Según la tradición, los animales solo pudieron continuar su marcha cuando retiraron el cajón que contenía la imagen de la Inmaculada Concepción. El episodio fue interpretado por los presentes como una señal de que la Virgen deseaba permanecer en aquel lugar.

La imagen quedó entonces bajo el cuidado de los pobladores de la zona, quienes le prepararon un altar en la vivienda de la estancia de la familia Rosendo. Allí comenzó su veneración, que con el paso del tiempo dio origen a uno de los centros marianos más importantes de América.

El actual templo, de estilo neogótico, comenzó a construirse el 6 de mayo de 1890, por iniciativa del padre Jorge María Salvaire, quien impulsó el proyecto con el propósito de levantar un santuario a la altura de la creciente devoción popular. Los planos estuvieron a cargo del arquitecto francés Uldéric Courtois, junto con otros profesionales.

La inauguración y bendición oficial tuvo lugar el 4 de diciembre de 1910, aunque por entonces todavía faltaban las imponentes torres que hoy caracterizan su silueta. Estas se completaron entre 1922 y 1926, y la obra quedó definitivamente concluida en 1935.

El 15 de noviembre de 1930, el papa Pío XI le concedió el título de basílica menor. Sus dos torres, de 106 metros de altura, y sus dimensiones monumentales la convirtieron en una de las construcciones religiosas más imponentes de América Latina.

En su interior, la basílica atesora verdaderas obras de arte y piezas de gran valor histórico y religioso. Allí se encuentra la pequeña imagen de la Virgen de Luján, centro de la devoción de millones de peregrinos. El templo conserva magníficos vitrales realizados en Burdeos, Francia, con escenas religiosas y episodios de la historia mariana; esculturas de mármol de Carrara, imágenes de los apóstoles y evangelistas, y un monumental órgano de la casa francesa Cavaillé-Coll, donado por monseñor León Gallardo.

También destacan sus trece campanas originales, procedentes de Milán, sus candelabros, altares y lámparas votivas, entre ellas piezas de notable valor simbólico. Cada rincón revela el trabajo artesanal y la riqueza artística que acompañaron su construcción.

Declarada Monumento Histórico Nacional en 1998, la basílica es mucho más que un santuario: es parte fundamental de la historia, la cultura y la identidad argentina.

Una devoción que llegó hasta los pontífices
La relación de Nuestra Señora de Luján con los sucesores de Pedro tiene un capítulo destacado en 1887. En aquel año, el padre Jorge María Salvaire solicitó al papa León XIII la coronación pontificia de la imagen. El pontífice recibió la corona, confeccionada con joyas donadas por los fieles, la bendijo y delegó la ceremonia en el arzobispo de Buenos Aires, monseñor León Aneiros.

Décadas más tarde, el 11 de junio de 1982, san Juan Pablo II llegó a Luján y presidió una celebración multitudinaria ante aproximadamente 600.000 personas. Su visita, la primera de un Papa a la basílica, tuvo lugar en un momento especialmente doloroso para la Argentina, poco antes del final de la Guerra de Malvinas. La oración por la paz y el encuentro con la Virgen quedaron entre los recuerdos más significativos de aquella jornada.

El papa Francisco también expresó en distintas oportunidades su profunda devoción mariana y recordó públicamente testimonios de gracias y milagros atribuidos a la intercesión de Nuestra Señora de Luján. Entre ellos mencionó el caso de una niña cuya recuperación fue vinculada a las súplicas de su padre, quien rezaba aferrado a las rejas del santuario.

La llegada del papa León XIV
El próximo miércoles 11 de noviembre, Luján volverá a ocupar un lugar central en la vida de la Iglesia argentina con la visita del papa León XIV. Según el programa previsto, el santo padre presidirá una misa multitudinaria a las 10 en la Plaza Belgrano, frente a las puertas de la basílica, en el marco de su gira por el país.

La visita tendrá, además, un vínculo particular con la historia del propio pontífice. Antes de su elección como sucesor de Pedro, Robert Francis Prevost ya había conocido el santuario en su condición de prior general de la Orden de San Agustín.

Así, el encuentro de noviembre tendrá un significado que trasciende el carácter institucional de una visita papal. Será también una oportunidad para renovar la fe, expresar la devoción a María y recordar una historia que comenzó hace casi cuatro siglos a orillas del río Luján.

Bajo la mirada de Nuestra Señora, patrona de la Argentina, el pueblo creyente volverá a reunirse en torno a su santuario para recibir al pontífice y poner en sus manos las intenciones, esperanzas y oraciones de toda la comunidad.+