Scheinig pidió a la Virgen que “siga iluminando y bendiciendo el caminar de quienes hacen presente el evangelio en nuestras comunidades”

Este lunes SER el Arzobispo de la Arquidiócesis Metropolitana de Mercedes Luján Monseñor Jorge Eduardo Schienig celebró en la Catedral de Nuestra Señora de las Mercedes, el tradicional Te Deum por el 210° aniversario de la Revolución de Mayo. Fue transmitido por medios de comunicación y a través de las redes sociales del arzobispado.

En la Catedral Metropolitana de la Arquidiócesis, Scheinig efectuó la celebración religiosa litúrgica y luego en su homilía se dispuso a hablarle a la feligresía que siguió la misa. “Este tiempo que vivimos, marcado por una situación que nos tiene dolorosamente unidos a toda la humanidad, nos desafía a anunciar con fuerza y decisión la Buena nueva del Reino que transforme el miedo en confianza, la incertidumbre en esperanza y la tentación de “salvarnos solos”, en servicio”, destacó.

“En esta cincuentena pascual que nos deja a las puertas de celebrar una vez más la presencia del Espíritu que renueva la faz de la tierra, hemos compartido y celebrado a Jesús resucitado y hace unos días, nada más, a la Madre y Patrona del Pueblo Argentino: María de Luján. Recibir esta fuerza de vida nos permite vencer los miedos que la pandemia nos genera y confiar en el Dios Fiel, siempre presente”, agregó.

“Situaciones crecientes y angustiantes de pobreza, desocupación, salarios injustos, violencia infantil y de género, adicciones de todo tipo, la niñez en riesgo y también los abuelos, y otras que parecen postergadas en la información, pero no en el dolor de quienes las padecen, nos convocan. La incertidumbre del momento y también de lo que viene, pone en riesgo nuestra capacidad de vivir la esperanza a la que nos invita Jesús. Su Ascensión es una propuesta que nos llena de un gozo sereno y que nos abre caminos llenos de luz. “Jesús, el Señor, el rey de la gloria, vencedor del pecado y de la muerte, ha ascendido hoy a lo más alto del cielo, como mediador entre Dios y los hombres, no se ha ido para desentenderse de este mundo”. (prefacio de la Misa de la Ascensión). Y nosotros, el Pueblo de Dios, sabemos que no se desencadena de nuestra historia, y que nos llama a contagiar esa esperanza, y a ser constructores de una paz que supere el mero deseo de cierta calma y sea fruto de una justicia que reclamamos y tratamos de vivir en el compartir cotidiano con todos”, dijo.

“Todo lo que la Iglesia ofrece debe encarnarse de modo original en cada lugar del mundo, de manera que la Esposa de Cristo adquiera multiformes rostros que manifiesten mejor la inagotable riqueza de la gracia” (Papa Francisco, Querida amazonia n. 6) ¡Y esta salud no es un mero deseo! ¡Es una realidad! Apoyados en esa confianza y esperanza, muchas hermanas y hermanos EN NUESTRAS COMUNIDADES, ofrecen su vida, esfuerzo y servicio para acompañar a los más pobres, los enfermos, los abuelos y los que padecen necesidades”, aseguró.

“Tal vez no sea oportuno romper el silencio con que nuestra gente brinda estos servicios, pero también creemos que es estricta justicia mencionarlo, como así también dar respuesta concreta a comentarios malintencionados y engañosos sobre la indiferencia de los cristianos ante tanto dolor. Además, es una dicha enorme no tener que mirar hacia otras geografías e historias también admirables, sino saber que esto pasa entre nosotros, en nuestras ciudades y barrios, nuestras Cáritas, jóvenes y adultos, comunidades de prevención y atención de las adicciones y otros grupos que en el amor de Jesús hacen concreta su misericordia. El Papa Francisco llama a María, salud de los pueblos en su oración para pedir el fin de la pandemia. A Ella nos confiamos, en esta Fiesta Patria y ante un nuevo Pentecostés, le ofrecemos nuestra difícil pero cierta esperanza y le pedimos siga iluminando y bendiciendo el caminar de quienes hacen presente el evangelio en nuestras comunidades y nos dan razones ciertas para la confianza, la esperanza y el compromiso de servir. Y ante Ella recordamos las palabras finales de nuestro Obispo en la misa del 8 de mayo: «Pidámosle a María de Luján la fuerza para la vida de todos los días y la valentía para vivir como una Nación que desea renovar su unidad, de tal modo que, con osadía, creatividad y una esperanza cierta, podamos superar juntos este tiempo de pandemia y afrontar todos los tiempos que se vienen, que sin duda serán difíciles, arduos y desafiantes», cerró. “Dios bendiga a nuestro pueblo y nos lleve por caminos de libertad, justicia y paz”, concluyó.