Violencias

En momentos de balances de año, en las vísperas de la Navidad, donde “noche de paz y noche de amor” resuena como villancico clásico y común, reflexionar acerca de las violencias se me hace urgente y necesario.

Escribe Diego Cirilli 

Hay tres tipos de violencia. La primera, madre de todas las demás, es la violencia institucional, la que legaliza y perpetúa las dominaciones, las opresiones y las explotaciones, la que aplasta y cercena a millones de hombres y mujeres en sus engranajes silenciosos y bien engrasados. La segunda es la violencia revolucionaria, que nace de la voluntad de abolir la primera. La tercera es la violencia represiva que tiene por objetivo asfixiar a la segunda haciéndose cómplice y auxiliar de la primera violencia, la que engendra todas las demás. No hay peor hipocresía que llamar violencia solo a la segunda fingiendo olvidar la primera, que la hace nacer, y la tercera que la mata”. Dom Hélder Cámara. Arzobispo de Brasil. (1909-1999).

El poder, la suma del poder público como ser el gobierno, las corporaciones y las empresas mediáticas más que reprimir lo que buscan siempre es normalizar. Es decir, que a todos les parezca algo «normal» a partir de consensos logrados por la manipulación de la información. Los pactos sociales, las leyes, los derechos son relevantes en virtud de este objetivo. Es lo que se dice «política de posverdad». Un caso de normalización que me resulta gráfico. En el caso del memorándum con Irán, el juez Bonadío dictó la prisión preventiva a Héctor Timerman porque podría intentar escaparse, pero le dio prisión domiciliaria porque está enfermo de cáncer y no puede moverse. ¿Para qué entonces lo hace? Para que se normalice que quien es acusado por el juez federal queda preso. Y hay muchos ejemplos como este.

Una Laura indignada en Facebook dice: “Basta de verso, de lugares comunes, de escuchar opinadores que no pisan la calle nunca ni pasan hambre nunca en sus vidas y hablan de «violencia» sólo cuando aparecen las piedras”. Y sigue con algo bien personal: “Estoy en un momento de mi vida que me cuesta mirar o tolerar a quien se indigna y dice que es violencia la piedra. Y DECIDE NO VER que es consecuencia de la hambruna, de la opresión, de la represión, de los despidos, de los ajustes, de los asesinatos por parte del estado. Hablar con la panza llena, sentado cómodamente en su sillón, me enoja. Me duele. Y no la acepto”.

Su indignación anida en el concepto de violencias dicho por dom Hélder Cámara. El año concluye en América Latina con más pobreza y más desigualdad, más violencia y represión, más golpes de Estado, más judicialización de la política y más politización de la justicia, con más poder concentrado en las élites, con los ricos más ricos y los pobres más pobres. En Argentina terminamos el año con la misma inflación que 2015 pero con más deuda, más déficit, más desempleo, más miseria, menos industria, menos salario, menos consumo, tarifas de servicios públicos al 1000%, timba financiera con las Lebac al 28,75%, fuga de dólares récord, déficit histórico en la balanza comercial, el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES vaciado, jubilados sin remedios y con recorte.

El gobierno dice que hay que hacer un esfuerzo y ajustar $90.000 millones a jubilados, a niños y niñas, a familias asalariadas, pensiones no contributivas, a Héroes de Malvinas, a trabajadores y trabajadoras próximos a jubilarse. Pero no dice que haciendo un esfuerzo sobre el 25% de los u$s21.000 millones que evaden las multinacionales por año (según TJN http://www.justiciafiscal.org/2017/12/abren-convocatoria-para-conferencia-anual-de-la-tjn/)  se logra el mismo resultado fiscal.

Entonces con este panorama institucional, se entiende dónde nace la violencia. Leyendo historia, conocemos que los cambios culturales son violentos. Son luchados. Son combatidos. Cuando miramos a Mahatma Gandhi, a Nelson Mandela, a Martin Luther King y los catalogamos de pacifistas, desconocemos sus luchas y sus revoluciones. Sus desobediencias y sus sublevaciones. Caminos de vida sinuosos, peligrosos y trágicos. Vidas comprometidas con el momento presente, que tomaron partido y definieron generaciones.

No hay peor ignorante que el ignorante político. Bien lo dice Bertolt Brecht “El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los porotos, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.

Laura termina su posteo diciendo: “Seguro que la grita existe. Vos estás ahí, defendiendo la nada misma. Estás defendiendo un policía que le sacaron el ojo sus propios compañeros, creyendo que fue un manifestante… Y yo estoy del lado del tipo que lo perdió sentado con una flor en la mano, por culpa de la misma policía y sus balas”.

De violencias y de grietas nace la vida misma. De tomar posiciones y comprometerse con ellas para lograr los objetivos que uno se propone para su digno vivir.