El equipo dirigido por Gerardo Pérez Bianchi goleó 3 a 0 en la final jugada en el Estadio 1° de Abril, reeditó la hazaña histórica de 1991 frente al mismo rival y coronó una campaña brillante que devuelve a la institución a la Tercera División del fútbol argentino.
El silbatazo final de David Cornejo marcó el cierre de una racha de más de tres décadas y desató el festejo postergado de todo el pueblo lujanero. En una tarde cargada de emoción en el Estadio 1° de Abril, Luján venció por 3 a 0 a Berazategui en el encuentro de vuelta de la final por el primer ascenso y selló su ansiado regreso a la Primera B Metropolitana. Los goles de Tomás Dopazo, Eladio Ramos y Enzo Oviedo le pusieron el broche de oro a un triunfo incontestable que recompensó el trabajo sostenido del plantel durante toda la temporada.
La consagración tuvo un fuerte componente emotivo para la delegación y los hinchas, quienes recordaron especialmente la figura del «Pulga» Fredes, artífice indispensable en la conformación de este grupo que falleció de forma sorpresiva a fines del año pasado. El destino quiso además que la gloria se alcanzara frente al mismo adversario que en la histórica gesta de 1991. En aquella oportunidad, el equipo que conducía Ricardo Della Vecchia superó a Berazategui en la Promoción tras imponerse 1 a 0 en la ida jugada en el Municipal y rubricar un 3 a 1 en el Norman Lee con dos tantos de Pedro Nieva y uno de José Luis Arce. A diferencia de aquellos tiempos donde Luján no contaba con recinto propio, esta vez el escenario del ascenso fue el Estadio 1° de Abril, casa propia que a partir de la próxima temporada albergará los partidos de la Tercera categoría y esperará por la reaparición del clásico frente a Flandria.
El título conseguido por el conjunto de Pérez Bianchi ratificó el dominio ejercido a lo largo de todo el campeonato. Luján cerró una campaña casi perfecta en la que cosechó 19 victorias, 7 empates y apenas 6 derrotas en 32 presentaciones, sacándole 13 puntos de ventaja en la tabla a su perseguidor Berazategui. Con 48 goles a favor y una solidez defensiva que lo posicionó como una de las vallas menos vencidas del torneo con solo 22 tantos recibidos, el equipo de la Basílica demostró un equilibrio futbolístico inobjetable para dar la vuelta olímpica y conseguir una justa reparación deportiva.