El uso desmedido de dispositivos móviles impacta de fondo en la seguridad en la vía pública. Desde los espacios de prevención se advierte sobre los peligros críticos de la atención dividida al conducir o cruzar la calle.
El uso de teléfonos y dispositivos móviles atraviesa la cotidianeidad de la sociedad actual, impactando en la educación, la salud, las relaciones interpersonales y, de manera crítica, en el tránsito. Ante esta realidad, la Defensoría del Pueblo bonaerense dio a conocer los resultados de su campaña “Desconectá para conectar”, un informe que analiza el impacto de las pantallas a través de encuestas y consultoría con especialistas, posicionando a la Argentina como el cuarto país a nivel mundial en cantidad de horas de pantalla diarias.
El relevamiento expone cifras contundentes sobre el vínculo de la ciudadanía con la tecnología, revelando que el treinta y siete por ciento de los encuestados utiliza el celular más de seis horas al día, mientras que el treinta y seis por ciento admite un uso problemático o desmedido. Asimismo, el treinta por ciento reconoce que el teléfono afecta de forma negativa su vida social y el treinta y uno por ciento de los estudiantes manifiesta que perjudica su rendimiento académico.
En el plano estrictamente vial, el estudio desnuda una profunda contradicción: aunque el setenta y siete por ciento de los conductores considera que manipular el teléfono al volante es una conducta de extrema peligrosidad, el cuarenta y dos por ciento no adopta ninguna medida para evitar su uso mientras conduce.
Consultada para la elaboración del informe, la licenciada María Cristina Isoba, presidenta de Luchemos por la Vida, advirtió que el teléfono se está consolidando como un factor de riesgo vial equiparable al alcohol, ya que ambos debilitan los canales de atención que el cerebro requiere para mantener la alerta constante. Imágenes de resonancia magnética funcional reafirman que la atención dividida disminuye drásticamente las capacidades cognitivas, de modo que utilizar el dispositivo mientras se conduce un vehículo o se cruza la calle a pie multiplica por cuatro el riesgo de sufrir un siniestro vial.
Aun empleando sistemas de manos libres, hablar por teléfono durante la conducción provoca una pérdida sustancial de la concentración, ya que se pierde la estabilidad en la velocidad, se reduce la distancia de seguridad respecto al vehículo precedente y se incrementa notablemente el tiempo de reacción. Por su parte, leer o redactar mensajes de texto equivale a conducir a ciegas durante cientos de metros. Diversos estudios técnicos revelan que tras apenas minuto y medio de conversación telefónica, el conductor deja de percibir el cuarenta por ciento de las señales de tránsito, su velocidad media disminuye un doce por ciento y su ritmo cardíaco se acelera de manera abrupta.
Desde los organismos de prevención se remarca que la legislación vigente prohíbe taxativamente el uso de dispositivos móviles al volante, una norma que requiere de controles rigurosos y sanciones firmes para disuadir las conductas irresponsables. La premisa es clara y categórica: no utilizar el celular al conducir salva vidas; el celular al volante mata.