El Canario profundizó su mal momento al perder por 2 a 0 frente a Brown. El arranque de la segunda rueda expone la alarmante falta de juego de los dirigidos por Jesús Díaz y enciende las alarmas en la tabla general.
El inicio de la segunda parte del torneo de la Primera B está resultando una pesadilla para Flandria, ubicándose completamente lejos de los planes y las expectativas iniciales. Tras la dolorosa caída en Ingeniero Maschwitz frente a Deportivo Armenio, el conjunto de Jáuregui viajó al Estadio Lorenzo Arandilla con la obligación de dar una muestra de carácter ante un rival directo. Sin embargo, la tarde en Adrogué volvió a dejar al desnudo una preocupante realidad futbolística: el Canario mostró un rendimiento decididamente alarmante, careció de ideas claras y terminó pagando muy caro sus errores al caer sin atenuantes por 2 a 0 frente a Brown.
El trámite del partido fue un fiel reflejo del presente adverso que atraviesan los dirigidos por Jesús Díaz. Desde el pitazo inicial, a Flandria le costó horrores generar juego asociado y encadenar pases con claridad. La desconexión en el mediocampo aisló por completo a los hombres de ataque. El Tricolor aprovechó al máximo las falencias defensivas y la falta de respuestas conceptuales del Canario para golpear en los momentos clave, manejando los hilos del encuentro ante un rival que corrió constantemente detrás de la pelota y transmitió una preocupante sensación de desorientación en el terreno de juego.
A pesar de contar con retornos importantes en la convocatoria, las variantes no pesaron. El cuerpo técnico intentó rearmar la estructura con la vuelta de Federico Real y el tremendo esfuerzo de Ramiro de la Riva —quien formó parte del banco a pesar de su fractura en la mano—, pero las respuestas futbolísticas no aparecieron. Ni siquiera el esperado debut del delantero Gonzalo Calabria (proveniente de Excursionistas), quien sumó sus primeros minutos en la segunda mitad buscando peso en el área, pudo torcer el rumbo de un ataque totalmente inofensivo.
Las bajas acumuladas se hicieron sentir notablemente en el andamiaje del equipo. A las ausencias por lesión de Agustín Prokop y Dante Spitale, se le sumó a último momento el desgarro de Matías Donato, obligando a improvisar variantes. Además, la suspensión del zaguero Matías Mariatti descompensó una línea del fondo que dio demasiadas ventajas. Para colmo, de la frescura colectiva que se había mostrado en la primera fecha del campeonato —cuando Flandria se impuso con autoridad por 3 a 1 sobre el propio Brown— hoy no queda absolutamente nada.
La frase del referente Franco Costa post-Armenio resuena hoy con más fuerza y crudeza que nunca en Jáuregui: «Nosotros somos realistas, sabemos que estamos en falta». El problema es que el margen de error se redujo de golpe. Lo que hace unas semanas parecía una mala racha transitoria, hoy ya se transformó en una crisis de juego alarmante que obliga a mirar con extrema preocupación la tabla general de posiciones y los promedios del descenso.
Flandria atraviesa un presente futbolístico muy deslucido, los hinchas expresan su lógico malestar por la falta de respuestas en condición de visitante y el fantasma de la pérdida de categoría empieza a instalarse como una realidad ineludible si no se mete un volantazo urgente. El próximo fin de semana, en el Carlos V, el Canario tendrá que dejar la apatía de lado, recuperar la memoria y, fundamentalmente, ganar como sea antes de que el agua le llegue de forma definitiva al cuello.