Un 27 de febrero de 1981, la dictadura militar detenía al primer Rector de la UNLu y referente del CELS. Un hito que marcó la resistencia civil de quien, junto a la comunidad de Luján, transformó la educación y la lucha por los Derechos Humanos.
La historia de Luján está marcada por gestas colectivas, y la creación de nuestra Universidad Nacional es, quizás, la más emblemática. En ese marco, la figura de Emilio Fermín Mignone emerge no solo como un académico brillante, sino como el hombre que supo canalizar el anhelo de todo un pueblo. Hoy recordamos un aniversario clave: el día que el régimen militar intentó callarlo.
El brazo técnico de un sueño colectivo
Si bien la llegada de la alta casa de estudios a nuestra ciudad fue fruto del trabajo incansable de la Comisión Pro-Universidad —integrada por vecinos y fuerzas vivas de Luján—, fue Mignone quien le dio la estructura necesaria. Como primer Rector Organizador en 1972, redactó el proyecto de ley y lideró la puesta en marcha de una institución que nació con un ADN profundamente vinculado al desarrollo regional.
Sin embargo, tras la desaparición de su hija Mónica en 1976 y el posterior cierre de la UNLu por decreto de la dictadura en 1979, Mignone se convirtió en un objetivo del poder de facto.
El operativo del 27 de febrero
Un día 27 de febrero de 1981, las fuerzas de seguridad irrumpieron en la sede del CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) y en domicilios particulares. Mignone fue arrestado junto a otros directivos del organismo. La acusación formal era «espionaje», pero el motivo real era el archivo meticuloso que el lujanense venía construyendo sobre los centros clandestinos de detención.
La dictadura subestimó el peso internacional de Mignone. Su trayectoria previa en la UNESCO y su prestigio académico activaron una presión diplomática sin precedentes desde el exterior. Tras seis días de cautiverio, el escándalo internacional obligó a los militares a liberarlo.
Un legado de justicia y aulas
Mignone no solo fue el hombre que inauguró la UNLu en los 70; fue quien, a través de sus escritos y su labor jurídica, sentó las bases para que años más tarde se pudiera juzgar el plan sistemático de represión en la Argentina.
Hoy, su nombre sigue vivo en el Instituto Municipal Superior de Educación y Tecnología y en la memoria de los lujanenses, recordándonos que la educación y los derechos humanos son pilares innegociables de nuestra identidad. Aquella detención de 1981, lejos de amedrentarlo, terminó por consolidar una lucha que hoy es patrimonio de todos los argentinos.