Este 9 de febrero de 2026, el Club Social y Deportivo Flandria cumple 85 años de vida. Para entender al «Canario», no alcanza con mirar una tabla de posiciones; hay que sumergirse en la historia de Jáuregui, un pueblo que es, en esencia, la obra de un visionario.
La historia de Flandria es inseparable de la figura de Don Julio Steverlynck, el empresario belga que llegó a estas tierras con una idea que revolucionó la zona: la creación de una Villa Obrera inspirada en conceptos europeos de bienestar social. No solo fundó la Algodonera Flandria, sino que construyó una comunidad donde, bajo su impulso en 1941, nació el club en el emblemático salón de la banda Rerum Novarum. Don Julio no quería solo empleados; quería ciudadanos con acceso a la cultura, la salud y el deporte, y el club fue el corazón de ese proyecto, adoptando los colores amarillo y negro en honor a las raíces del fundador en Flandes.
Esa identidad se materializó en monumentos que hoy son el orgullo de Jáuregui. El Edificio Flandria, con su arquitectura imponente, funcionó como el centro neurálgico de la administración industrial y social, un símbolo de progreso que hoy sigue siendo testigo del pasado glorioso. A pocos metros, el estadio Carlos V, inaugurado en 1960 y rodeado de su característica arboleda de eucaliptos, se erigió como un templo de resistencia. Bautizado en honor al emperador europeo, el estadio representa la ambición de un club de pueblo que, desde su origen, nunca se sintió menos que los grandes de la capital, forjando una localía que es leyenda en el ascenso.

La historia deportiva del Canario es una sucesión de hitos forjados con el mismo esfuerzo que se ponía en la fábrica. Tras afiliarse a la AFA en 1947, la década del 50 trajo el bautismo de fuego con el ascenso de 1952 a la Primera C, consolidando al equipo en el plano nacional. Sin embargo, la gesta más recordada de la historia antigua llegó en 1972 con el «Tren del Orgullo». Una marea humana partió de la estación de Jáuregui hacia la cancha de Ferro para ver el desempate contra Sarmiento de Junín, donde el 3-1 definitivo llevó al equipo a la Primera B, marcando el techo histórico de la era Steverlynck. Años más tarde, en 1998, el club demostró su resiliencia tras el cierre de la Algodonera; bajo la conducción de Omar Santorelli, Flandria venció a Ituzaingó en una final agónica para volver a la B Metropolitana, en lo que fue recordado como el ascenso de la dignidad.
Ya en el siglo XXI, el Canario tocó el cielo con las manos en dos oportunidades que paralizaron al partido de Luján. En 2016, el histórico «Mineirazo» en Villa Crespo ante Atlanta le dio el primer título de su historia en la B Metro y el pase a la Primera Nacional. La épica se repitió en 2021 con un milagro deportivo: un gol de Franco Tisera sobre la hora permitió llevar la definición a los penales contra Colegiales, logrando el regreso a la segunda división ante un Carlos V que explotaba de emoción. Hoy, bajo la gestión de Arnaldo «Cacho» Sialle, Flandria celebra sus 85 años con la frente alta, siendo el refugio de los pibes y el estandarte de un pueblo que sabe que la unión es la única forma de volar alto. ¡Salud, Familia Canaria!